Wednesday, October 23, 2013

Home


Luis Rafael Damiani: Un hombre extraordinario
1913-2006
“Un ingeniero, un humanista, un militar”
Adriana Gibbs

   Por Rafael Damiani Bustillos
   Octubre del 2013




Nacimiento en la margen derecha del Orinoco


El día 26 de octubre de 1913, después de un complicado y prolongado trabajo de parto que duró cinco días, nació en Ciudad Bolívar, antigua Angostura, Luis Rafael Damiani Deapelo (Luis), quien pesó doce libras (5.44 kg), y fue hijo de Toussaint Joseph (Santos José) Damiani Pomonti y de Juana (Juanita) María Deapelo.

Ciudad Bolívar (Siglo XIX)
Para ese momento regía los destinos del país el doctor José Gil Fortoul, presidente de la Cámara del Senado, presidente del Consejo de Gobierno y encargado de la Presidencia de los Estados Unidos de Venezuela, aunque quien detentaba el poder real era el general Juan Vicente Gómez.

Santos, el padre de Luis, era ciudadano francés, nacido en la isla de Córcega, personaje de carácter recio y espíritu aventurero. Además, era reservista del Ejército galo, y llegó a estas tierras caribeñas a finales del siglo XIX en busca de fortuna, dejando sus afectos al otro lado del mar.

De la unión matrimonial entre Santos y Juanita -acto civil realizado en 1912- nacieron, además del primogénito, Francia (1917) y Juan José (1919).

El padre le dio a su hijo mayor su primer nombre en memoria de su hermano Louis (Luis) Damiani Pomonti, fallecido trágicamente en 1909 en un hecho que narraremos más adelante. Además, Luis era un nombre que solía darse a los hijos de la familia Damiani por tradición familiar, por devoción a San Luis, rey de Francia, que derrotó a los ingleses en 1242, gobernó a su pueblo con sabiduría, y fue canonizado por el papa Bonifacio VIII en el año 1297 debido a sus reconocidas virtudes humanas y religiosas.

San Luis, rey de Francia
Santos Damiani Pomonti, viajó a Venezuela en el año 1899 siguiendo los pasos de unos primos hermanos de apellido Pomonti que se habían venido a estas tierras años antes. En su libreta del servicio militar francés se lo describe como un hombre de "piel blanca, ojos azules, nariz y boca medianas, rostro ovalado y de 1 m 67 cm de estatura". En lo referente a su profesión, el documento indicaba que era pastor (criador de ovejas).

Tenía, pues, veinticuatro años de edad cuando emprendió la aventura hacia lo desconocido. Él y su amigo y pariente Juan Bautista Deodatti Pomonti se embarcaron en el puerto francés de Marsella, en un vapor de la Línea Francesa, con destino a las Américas, en busca de las oportunidades de vida que su tierra natal les negaba. La travesía para cruzar el Atlántico duraba en esa época entre veinte y veinticinco días con buena mar.

En una de las escala del itinerario, Santos desembarcó en Puerto España, capital de la isla inglesa de Trinidad, hizo un transbordo a otra nave de menor calado que cubría periódicamente la ruta hacia Ciudad Bolívar -población ubicada a doscientas cincuenta millas al sur de la isla-, e ingresó en su periplo al majestuoso Orinoco por una de las bocas del delta, el caño Macareo, por donde éste vierte parte de sus aguas al océano Atlántico.

Volvamos atrás en la historia


Giovanni Damiani Novella
Santos era el menor de los hijos del matrimonio conformado por Giovanni Damiani Novella (1825-1897) y la bella Marie Antoinette Pomonti (1833-1906), quienes se casaron en 1852. Los ascendientes de ambas familias provenían de varias generaciones establecidas en Córcega, y procrearon otros nueve hijos llamados Jacques Toussaint, Ange Toussaint, Ange Marie, Marie Josephine, Marie Madeleine, Sauveur, Theodore, Pierre y Louis (Apéndice A).

El apellido Damiani proviene de la Florencia del siglo trece dominada por los güelfos. Algunos miembros de esta familia emigraron a Córcega y se asentaron en Farinole, población rural que constituye la puerta de entrada occidental del Cabo Corso, en el norte de la isla.


La isla bella


Córcega
Córcega ha sido el hogar de muchas culturas mediterráneas y europeas que, al fusionarse, le confirieron unas características propias a su gente. René Goscinny y Albert Uderzo (1999), los famosos creadores de Asterix el galo, describen de manera magistral las peculiaridades geográficas de la isla y el perfil de sus habitantes:

…es la tierra natal de un emperador que dejó en la historia páginas tan indelebles como aquellas inspiradas por nuestro viejo cómplice Julio César. También es el país de la vendetta , de la siesta, de los complejos juegos políticos, de los quesos vigorosos, de los cochinos salvajes, de las castañas y de los ancianos sin edad que observan la vida pasar. Pero Córcega es más que todo eso: Es un lugar de una belleza privilegiada, llena de carácter y fuerte personalidad, que ni el tiempo ni los hombres han sido capaces de domar. Es uno de los países más interesantes del mundo, que por su esplendorosa belleza justifica plenamente la denominación de Île de Beauté.

Heraldica Apellido Damiani. Ruinas Casa de Giovanni Damiani
Jean-Jacques Rousseau se refirió también al pueblo corso, en un escrito de 1762, en los siguientes términos: "El valor y la constancia con los que este pueblo supo revestir y defender su libertad bien ameritan que algún sabio le enseñe a conservarla. Tengo el presentimiento de que algún día esta islita asombrará a Europa". Este párrafo ha sido considerado por muchos una profecía, pues poco tiempo después de la desincorporación del territorio insular de Génova y de su anexión a Francia nació en Ajaccio Napoleón Bonaparte.

Establecido en la Guayana venezolana


Marie Josephine y Maria Madelaine Damiani Pomonti
El emigrante Santos Damiani, con el apoyo de otros compatriotas que vivían en la región y de los masones, hermandad a la cual pertenecía, logró insertarse en la sociedad bolivarense de la época e incorporarse al trabajo productivo, impulsado por su juventud y un espíritu aventurero que lo llevaría a inhóspitos lugares de la geografía guayanesa.

Se asoció con Lorenzo Pío Cerani, otro compatriota, en la difícil y riesgosa tarea de la recolección del látex del árbol denominado purgo o balatá, al igual que en la explotación de otro rublo vegetal, la olorosa y aromática sarrapia, ambos productos extraídos de plantas autóctonas ubicadas en la cercanía del caserío La Becerra, agreste lugar donde numerosos hombres llamados purgueros se dedicaban a esta actividad. En esa época se decía que "un quintal de goma valía más que una onza de oro". El sitio señalado quedaba a siete días de camino en bestia desde la capital del estado.

Corsos tomando vino. Sentados: Santos Damiani, Domingo Pifelli, Juan B Pietrantoni y Natividad Valery.

La actividad extractiva consistía en realizar cortes a la corteza del tronco del purgo, de donde manaba un espeso y viscoso líquido llamado por algunos "la sangre blanca de la selva", que era recogido en recipientes y, en un proceso posterior de calentamiento, se convertía en piezas sólidas que se exportaban a Europa o a los Estados Unidos. Una vez vulcanizada, esta materia era transformada en productos terminados (neumáticos, mangueras, empacaduras, etc.)

Santos pasó muchos años en estas actividades forestales que le generaron bienestar económico, pero fue también durante esas labores que contrajo diversas enfermedades tropicales que años después le causarían la muerte.

Se asoció además con el familiar y amigo que había realizado el viaje con él desde Europa en la explotación de un fundo ganadero, establecido en las afueras de la capital del estado, llamado El Botijón.

Vendetta al estilo corso en 1912

En Córcega, Louis Damiani Pomonti, uno de los hermanos mayores del padre de Luis, salió en defensa pública de un pariente y amigo de la infancia de apellido Deodatti, que había sido acusado de sustraer un animal propiedad de un miembro de la familia Fratacci. Los trágicos hechos que se desencadenaron a raíz de esto los cuenta uno de sus descendientes:


El presunto acusado sostenía su inocencia, la cual reiteraba constantemente. Sin embargo, la insistencia de su acusador era tal que, al sentirse ofendido y agraviado en su dignidad, esperó una madrugada en un camino a su acusador y lo mató de un disparo. Dado el alevoso hecho, Deodatti emprendió la fuga, lo que exacerbó aún más los ánimos entre las dos familias. Al no poder cobrar venganza sobre el fugitivo y ante la defensa a ultranza del amigo protector (Louis), la familia de la víctima se sintió ofendida por este último, razón por la cual el consejo de familia Fratacci decidió tomar venganza.

Para cobrar la afrenta, miembros de la familia que buscaban el desquite viajaron desde Puerto Rico, donde estaban residenciados, para consumar el atentado. Acecharon y vigilaron a Louis durante varios días ocultándose en un terreno baldío al frente de la casa, detrás de unos arbustos, los cuales les servían de encubrimiento y protección. Una tarde, cayendo la noche, los vengadores divisaron la silueta del sentenciado que salía a la terraza de su vivienda sosteniendo en sus brazos a su pequeña hija de dos años de edad.

Casa donde fué asesinado Louis Damiani
Esperaron pacientemente a que pusiera a la menor en el piso para encender la pipa que acostumbraba fumar. Louis encendió la lumbre, aspiró una profunda bocanada y su rostro, tenuemente iluminado por la llama, ofreció un blanco perfecto. Uno de los atacantes apuntó su fusil mauser sobre la humanidad del sentenciado y de un certero disparo le arrancó la vida. Los agresores, ahora perseguidos por los Damiani, se refugiaron en las montañas, y días después se trasladaron hacia territorio continental francés disfrazados de monjas para salvar sus vidas, y posteriormente viajaron a Puerto Rico para permanecer en el anonimato. Años después dos descendientes de las familias en pugna se casaron. Ocurrió lo mismo que en la famosa tragedia de Romeo y Julieta de William Shakespeare, sin llegar a los extremos; dos hijos este matrimonio emigraron a Venezuela y se residenciaron en Caracas.

Luego de esto, Santos se trajo a Venezuela a uno de sus hermanos mayores, Ángel María Damiani Pomonti (1856-1923), con la finalidad de resguardar su vida de la vendetta, sustraerlo de la deprimida Córcega, y para que lo ayudara en sus actividades comerciales.

Casamiento sin el novio


Santos conoció a la joven Juanita en Ciudad Bolívar. Después de varios años de compromiso se unieron en matrimonio en esa ciudad el 21 de agosto de 1912; él tenía treinta y siete años y ella veintidós. La unión civil fue realizada mediante poder especial (muy común en esa época), debido a que el contrayente estaba impedido de asistir al acto nupcial porque para esa fecha se encontraba en plena campaña de recolección de caucho. Una vez casados, la nueva familia fijó residencia en Tumeremo, población más cercana al lugar donde Santos realizaba sus actividades forestales.

A caballo por la ruta del oro

Croquis de la "ruta del oro"
Juanita quedó embarazada poco tiempo después de casada. Al cumplir siete meses de gestación su esposo tomó la decisión de enviarla a Ciudad Bolívar para que el primogénito naciera en esa población que contaba con mejores condiciones sanitarias. A principios de agosto de 1913, en plena época de invierno, Juanita inició el viaje por la llamada "ruta del oro", desde Tumeremo hasta Ciudad Bolívar, a través de los caminos abiertos siglos antes por los indígenas que habitaban la región.

Sobre un caballo de buen paso, elegido por su esposo, la joven se desplazó detrás del arriero encargado de la columna de marcha; a continuación iban otros viajeros, y cerrando la fila las bestias que llevaban el equipaje y el menaje. En algunas oportunidades tuvo que vadear ríos caudalosos agarrada a la cola del caballo. El viaje duró siete días, durante los cuales recorrió trescientos cincuenta kilómetros pasando por las polvorientas poblaciones de El Callao, Guasipati y Upata, en las que pernoctaron los viajeros. El recorrido se hacía de día, ya que de noche el camino era tenebroso.

Durante el desplazamiento, la futura madre demostró la extraordinaria fortaleza que la caracterizó siempre, y que le permitió soportar las duras condiciones de un entorno geográfico adverso, no obstante su avanzado estado de gestación.

En 1913, después del nacimiento de Luis, el matrimonio estableció su domicilio en la calle El Progreso de Ciudad Bolívar, en una casa colonial de la época que tenía un corredor de veinticinco metros de largo, piso de baldosas de barro cocido, y daba a un jardín donde había cuatro matas de uvas, dos de bayas rojas y dos de bayas verdes, con sus respectivas trojas, así como numerosas matas de rosas de pétalos rosados y rojos, estas últimas conocidas como rosas de Francia.

Francia, Luis y Juan José.
No obstante, aunque oficialmente vivía en la capital del estado, Juanita pasaba largas temporadas en Tumeremo para estar más cerca del esposo internado en la selva. Con el transcurrir del tiempo aumentó la familia al nacer Francia y Juan José.

Calle El Progreso. Ciudad Bolivar
Fallecimiento del emigrante corso

Luis quedó huérfano a la edad de nueve años. Su padre murió a consecuencia de una serie de enfermedades tropicales mal curadas que contrajo durante el tiempo que permaneció en la selva, y así perdió el patrimonio económico que había logrado forjar durante años de sacrificio.

Pocos años antes de su fallecimiento había acontecido la Primera Guerra Mundial (1914-1918), hecho que ocasionó desajustes en las economías de los países del orbe que se reflejaron en la economía nacional y, por supuesto, en la guayanesa. Además, al finalizar el conflicto bélico, Venezuela comenzó a perder terreno en la exportación de balatá debido principalmente a que los británicos -quienes desde el año 1876 habían sembrado grandes extensiones de esta especie vegetal en Malasia y otras regiones de Asia- asumieron el control y el monopolio del comercio internacional de esta materia prima, desplazando a los suplidores tradicionales que eran Brasil y Venezuela.

Esto, claro está, perjudicó a los caucheros venezolanos, entre los que se encontraban Santos Damiani y su socio Pío Cerani. A mediados de 1940 la explotación del balatá quedó para la historia y el recuerdo, pues comenzó a fabricarse su substituto: el caucho sintético.

Santos, como buen masón, no permitió que sus hijos fueran bautizados en la fe católica, pero cuando falleció, Juanita los hizo bautizar. Luis recibió el sacramento el día 19 marzo de 1923, y la atribulada madre le nombró de padrino a Juan Bautista Deodatti, primo y socio del padre ausente, pensando que con este vínculo, ahora religioso, los niños estarían más protegidos y que el padrino administraría mejor los bienes dejados por el difunto. Los hechos desmintieron esta suposición. 

Catedral de Ciudad Bolivar dónde
 fué bautizado Luis Damiani.
La familia siguió el curso de la vida con muchas privaciones y carencias. Las difíciles circunstancia los obligaron a dejar la casa grande y mudarse a una más pequeña y acogedora, cercana al cementerio de la ciudad, que era propiedad de la abuela Manuela. La viuda nunca se casó de nuevo y pasó toda la vida guardándole fidelidad al recuerdo de su marido.

Tres meses después de la desaparición de Santos, falleció de un ataque al corazón su hermano Ángel María Damiani Pomonti, en Ciudad Bolívar, lo cual complicó aún más la situación económica de Juanita, quien tuvo que de asumir los gastos del sepelio, y lo sepultó al lado de su hermano.

Ante esto, algunos masones de Ciudad Bolívar, conscientes de la precaria situación en que habían quedado los niños por la muerte del progenitor -que había ocupado un grado de relevancia dentro de la organización- procedieron, con autorización de la madre, a bautizarlos como masones, de manera de poder brindar algún tipo de amparo al menos a los dos hijos varones. La ceremonia de adopción de Luis y Juan José se realizó en las instalaciones de la Logia Asilo de la Paz número 13, en la capital estadal, el 24 de junio de 1923. Al acto asistió el presidente del Estado, general Silverio González. Durante la celebración del rito se les impuso a los muchachos la medalla de la logia.

Banda y daga utilizada por Santos Damiani en las reuniones de la Logia. Medalla de luvetón de Luis Damiani.

El bautizo masónico, la adopción de luvetones, consiste en presentar en el templo a los hijos de masones por padrinos igualmente masones que certifiquen que el niño presentado es digno del interés de los hermanos que componen esta augusta orden. En esa ocasión fue presentado también Alfredo Massabie, consecuente amigo de Luis durante toda la vida.

Formación con inconmensurable esfuerzo

La formación de los niños quedó en manos de la joven madre y de la abuela materna, quienes con grandes esfuerzos lograron moldear sus personalidades y darles la fortaleza necesaria que les permitió en el futuro ser personas de sólidos principios.

Entre las anécdotas que recordaba Juanita sobre la infancia de Luis está la de un accidente que sufrió a los doce años de edad que por poco le cuesta la vida: mientras correteaba con unos amigos por la ribera del Orinoco, en el conocido lugar llamado la laja de la Sapuara, se resbaló y cayó a las torrentosas aguas del río. Lo salvó de morir ahogado un pescador que le lanzó su atarraya enmallándolo como a un pescado.

Laja de la Sapuara.
En otra ocasión se hizo una profunda herida que le dejó una gran cicatriz en la pierna izquierda, a la altura de la pantorrilla, cuando intentó saltar a una casa vecina a su colegio y se cayó de la tapia. La lesión que se hizo al caer se le infectó, pues en aquellos años no había penicilina. Una enfermera llamada Guillermina se la curaba todos los días pasándole un estropajo con agua oxigenada para removerle la supuración y los restos de piel dañada, y luego la cubría con gasa. El muchacho soportaba con estoicismo el intenso dolor, que sólo se manifestaba en el resudor y las ostensibles muecas en su rostro.

Desde muy joven, Luis tuvo que asumir la responsabilidad de ayudar a su madre a mantener la familia y costearse sus estudios; se levantaba de madrugada a regar los rosales que Juanita cultivaba para vender sus flores y ganarse el sustento diario.

Tijera utilizada por Juanita para cortar las rosas.
A los catorce años de edad comenzó a dar clases en el colegio de niñas de la señora García y se ocupaba también de cobrar los recibos de la imprenta de su padrino, don Sánchez Afanador, y con el poco dinero que percibía adquiría sus libros escolares, la mayoría de ellos en francés. Cursó la primaria en el Colegio Guayana de Ciudad Bolívar y fue un muchacho aplicado y responsable en sus estudios.

Casa del Congreso de Angostura
dónde funcionó el Colegio Guayana.
En el año 1928 ocurrieron los célebres alzamientos de los estudiantes contra el gobierno de Juan Vicente Gómez. Las revueltas se escenificaron en las principales ciudades del país, especialmente en Caracas. Durante las protestas que ocurrieron en Ciudad Bolívar, algunos estudiantes del último año de bachillerato del Colegio Federal de Varones, donde Luis cursaba secundaria en ese momento, fueron encarcelados por la policía. Él y su amigo Pedro Tinoco, que cursaban años inferiores y tenían para ese entonces sólo quince años de edad, se presentaron en el cuartel de la policía local en gesto de solidaridad con sus compañeros detenidos, inculpándose ellos también como autores de los desórdenes públicos. No obstante esta valiente acción, el jefe de la policía fue benevolente y los envió a sus respectivas casas, decisión que molestó más a los muchachos, que regresaron contrariados a sus hogares. Un vecino que los vio durante las manifestaciones de rebeldía -y que no hablaba muy correctamente que digamos- le dijo a doña Juanita: "esos muchachos están inrritados".

Luis culminó sus estudios en el Colegio Federal de Varones a los diecisiete años, de donde egresó con el título de bachiller en Filosofía y Letras.

En busca de futuro

Deslumbrado de adolescente por los vuelos que realizaba a Ciudad Bolívar la Compagnie Générale Aéropostale, Luis quiso ser aviador, razón por la cual uno de sus maestros, el ilustre investigador y sabio bachiller don Ernesto Sifontes -al que ocasionalmente le servía de ayudante en sus mediciones para las investigaciones científicas que hacía sobre el gran río, y que siempre lo tuvo bajo su mirada protectora-, hizo gestiones con el capitán Manuel Ríos, uno de los pionero de la aviación militar venezolana, y logró el ingreso de su pupilo a la Escuela de Aviación y Radiotelegrafía Militar.

Aeroplano de la época
En 1931, a la edad de dieciocho años, Luis abandonó su ciudad natal con destino al centro del país, en busca del futuro que la provincia no le ofrecía. Un buen día abordó una pequeña embarcación que lo dejó al otro lado del majestuoso río, en la población de Soledad, ya el Estado Anzoátegui, y allí abordó una desvencijada camioneta de pasajeros conducida por el veterano Orsetti, vehículo que ocasionalmente, y cuando lo permitía la naturaleza, cubría la ruta por los accidentados y polvorientos caminos de recuas de la Venezuela rural. Durante su viaje pudo observar a los niños llaneros asomados a sus ranchos de palma, y quedó impresionado al ver sus abdómenes abultados por la anquilostomiasis y la delgadez de sus extremidades a consecuencia de la desnutrición.

La primera parada que hizo para descansar fue en la población de Pariaguán. Esa noche se hospedó en la posada de Juana María, una prima del caudillo Arévalo Cedeño. A tempranas horas la mañana, los viajeros continuaron su recorrido por el largo camino llanero, rebasaron las localidades guariqueñas de Santa María de Ipire, El Socorro y Chaguaramas, y al día siguiente durmieron en la población de El Sombrero. Siguieron luego hacia San Juan de los Morros y, pocas horas después, arribaron a su destino.

Como suele ocurrir a todos los que llegan de las ciudades rurales a las capitales, Luis quedó sorprendido por la belleza de Maracay, la ciudad jardín de Venezuela, situada al pie de la Cordillera de la Costa, a orillas del lago de Valencia, y entre los ríos Castaño y El Limón.

Hotel Jardín. Maracay.
En julio de 1932 inició su carrera en la Escuela Militar de Radiotelegrafía, adscrita a la Escuela de Aviación Militar, ubicada en un hangar del campo de aterrizaje en la ciudad de Maracay. Por cosas del destino, su sueño de ser aviador militar se vio truncado por no haber plazas disponibles ese año para esa profesión; además, en esos tiempos la prioridad la tenían los jóvenes provenientes de la región andina. Por esta circunstancia fue enviado al curso de radiotelegrafía mientras se concretaba una plaza de alumno piloto, cuestión que no se dio.

Durante su periodo de formación fue testigo del desarrollo de la naciente aviación militar venezolana, y conoció al general Juan Vicente Gómez durante una de las visitas de supervisión que éste realizaba con frecuencia a la instalación militar; así mismo se relacionó con su hijo Florencio Gómez Núñez. Como era bachiller y dominaba muy bien las matemáticas fue designado maestro externo de uno de los hijos menores del general dictador durante el tiempo que permaneció en Maracay.

Hangares. Maracay.
Un año más tarde, en julio de 1933, egresó como radiotelegrafista militar. Había adquirido un gran dominio del lenguaje del punto y la raya (el código Morse), pues tenía buen oído y agilidad en las manos. Los telegrafistas militares y civiles de esa época eran considerados personas de extrema confianza e importancia, ya que trasmitían y recibían todas las comunicaciones ordinarias, confidenciales o secretas que se generaban en las regiones y guarniciones militares.


Alumno de la escuela de Radiotelegrafía. 
Guasdualito, donde se devuelve el viento

Tras finalizar el curso, Luis fue enviado a la aislada guarnición de Guasdualito, en el Estado Apure, inhóspita región llanera de la Venezuela profunda, fronteriza con Colombia. Allí fue comisionado para ocupar el cargo de jefe del telégrafo militar e instalar un equipo nuevo de radiotelegrafía en el cuartel de destino.

Para efectos de gastos de pasaje y viáticos, el Ministerio de Guerra y Marina le dio doscientos bolívares. El punto de partida fue la ciudad de Maracay, donde se embarcó en el Gran Ferrocarril de Venezuela que lo llevó a Caracas. Al llegar a la estación de Caño Amarillo tomó el tren que lo condujo al Puerto de La Guaira, y allí abordó un buque costanero de vapor de la Compañía Venezolana de Navegación, que en su periplo recaló en los puertos de Guanta, Cumaná, Carúpano, Río Caribe, Cristóbal Colón, Tucupita, Barrancas y Ciudad Bolívar.

Croquis de la ruta del viaje entre Maracay y Guasdualito.
Llegó a su ciudad natal vistiendo el uniforme militar de la época, con su sable al cinto, y permaneció varios días en la casa materna en compañía de sus seres queridos a la espera de una embarcación fluvial que lo trasladara hacia su destino final. Su madre tuvo que auxiliarlo para que continuara su viaje a Guasdualito, pues había consumido gran parte de los viáticos que le habían asignado.

Realizó este último tramo de su travesía a bordo del vapor Apure, en el cual navegó durante doce días por los ríos Orinoco y Apure hasta llegar a Guasdualito. En ese entonces sólo se podía acceder por vía terrestre por larguísimos caminos de recuas que únicamente podían ser usados en verano. De clima caluroso y muy húmedo, era uno de los pueblos más sufridos y desolados del país. Había resistido los embates de las guerras de independencia y de la guerra federal, periódicas inundaciones y brotes epidémicos. Además, en sus alrededores merodeaban bandoleros nacionales y colombianos. Al concluir el viaje, Luis había recorrido dos mil cuatrocientos kilómetros y tardado casi dos meses en llegar desde su salida de Maracay.


Vapor Apure atracado en San Fernando.
La guarnición militar donde el joven radiotelegrafista militar debía prestar sus servicios estaba al mando del general Jesús Antonio Ramírez, comandante de las tropas del gobierno allí acantonadas y su superior inmediato. Forjado en las acciones violentas acaecidas durante las guerras intestinas que asolaron al país, el general Ramírez era un hombre astuto y dotado de una prodigiosa inteligencia natural, pero también iletrado, razón por la cual el recién llegado tenía que leerle los telegramas que recibía y redactarle los que enviaba según sus instrucciones.


Población de Guasdalito.
Una vez alojado, procedió a instalar en la sala de telegrafía los nuevos equipos de transmisión que traía desde Maracay, pero éstos se estropearon de inmediato y funcionaron apenas unas horas. A partir de ese momento tuvo que utilizar las inseguras líneas de cobre que se usaban desde hacía muchos años atrás. Ramírez le dio un buen trato al joven radiotelegrafista durante el tiempo que lo tuvo a sus órdenes, y el subordinado siempre lo recordó con aprecio.

Oficiales  de la Guarnición de Guasdualito durante la celebración del 5 de julio de 1933. De izquierda a derecha. Radiotelegrafista Luis R Damiani,  subteniente Arnoldo Lozada, teniente  José Eulogio Piñero, capitán José Teófilo Cañas, general Jesús Antonio Ramírez, teniente Ovidio Sarmiento, subteniente Jesús María Cesar, subteniente practicante Pedro A  Goos.
Casi cincuenta años después, Luis regresó a Guasdualito de visita, esta vez por vía terrestre y en compañía de su cuñado Fernando Bustillos A. En esa ocasión recorrió sus calles, el puerto y visitó a la señorita Herminia Pérez, una distinguida dama de aquella población a la que conoció por aquellos años. Ésta le recordó que durante su estancia había padecido una infección -debido a la humedad y al uso permanente de las polainas- que le imposibilitó caminar por varias semanas. Dos soldados tenían que llevarlo en silla de mano hasta la pensión donde comía y regresarlo de nuevo al cuartel. De esta experiencia le quedó el saludable hábito de secarse los pies con un paño durante varios minutos después del baño.

Llave de Radiotelegrafía.
En julio de 1933 Luis fue trasladado a la guarnición de San Fernando de Apure, pero ocupó este cargo apenas por dos meses, ya que fue relevado y asignado para prestar servicio en la estación de radio de la Escuela de Aviación y Telegrafía Militar en el Estado Aragua.

A bordo del cañonero José Félix Ribas

A finales de ese mismo año, Luis solicitó transferencia para la Marina de Guerra en busca de nuevos horizontes profesionales, petición que le fue concedida por los mandos superiores que lo designaron radiotelegrafista del cañonero José Félix Ribas con el grado de guardiamarina.

En una oportunidad el cañonero fue comisionado para trasladar a un grupo de presos políticos del gobierno gomecista desde Maracaibo hasta Puerto Cabello. La tripulación tenía la orden de no hablar con los detenidos, pero él, violando la norma establecida, conversaba con ellos durante las noches. Fue uno de esos detenidos quien lo animó, durante una de esas conversaciones, a que estudiara una carrera profesional.

El 6 de octubre de 1935, la tragedia enlutó de nuevo a la familia Damiani. Durante un paseo familiar fallecieron Juan José, su hermano menor, y dos personas más cuando se bañaban en el llamado Pozo de los Caribes, en las cercanías de Ciudad Bolívar, a consecuencia de la descarga eléctrica de un temblador (anguila eléctrica).
Juan José, Francia y Luis

El 18 de diciembre de 1935 Luis recibió un radiograma remitido por el ministro de Guerra y Marina, general Eleazar López Contreras, anunciando al país la muerte del general Juan Vicente Gómez, quien había detentado el poder durante veintisiete años y fue sucedido en la Presidencia de la República por López Contreras.

Mérida, ciudad de los caballeros

Tras prestar servicios durante cuatro años en el buque José Félix Ribas -estadía que le permitió conocer muy bien las artes marineras, el derrotero de las costas venezolanas y vivir parte de los cambios políticos que estaban ocurriendo en el país-, Luis fue transferido, en 1937, de la Marina de Guerra al Ejército Nacional y asignado como radiotelegrafista del Batallón Rivas Dávila que estaba acantonado en la ciudad de Mérida. En el cuartel merideño, conoció al joven subteniente Rafael Alfonzo Ravard, con quien compartió habitación en la instalación militar. Esa relación de amistad se mantuvo durante el resto de sus vidas y se fortaleció posteriormente mediante el compadrazgo.


Pico Bolívar.
Consciente de que la radiotelegrafía no era su verdadera vocación, solicitó permiso por el órgano regular para estudiar una carrera universitaria en su tiempo libre y sin perjuicio del servicio militar; petición que fue concedida por la jefatura del Ministerio de Guerra y Marina en Caracas. De este modo ingresó a la histórica Universidad de los Andes para estudiar ingeniería civil.

La ciudad a los pies del Ávila

Pero tres años después, en 1940, fue transferido a Caracas para prestar servicio en la estación de radiotelegrafía del Ministerio de Guerra y Marina. Allí estableció amistad con el también radiotelegrafista militar Tito López Pérez, a quien ya conocía desde Maracay. En esa oportunidad fue autorizado por sus superiores para continuar sus estudios de ingeniería en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Universidad Central de Venezuela.
Ese mismo año, su hermana Francia contrajo matrimonio eclesiástico en Caracas con Eugenio Prato. Juanita no pudo asistir a la boda de la hija porque Manuela, su mamá, se encontraba gravemente enferma y falleció días después de la ceremonia, el 13 de mayo de 1940. Por esta razón desmontó y alquiló la casa de Ciudad Bolívar, y se vino a vivir a Caracas con la nueva pareja.
Francia y Eugenio Prato.

Doctor en Ingeniería Civil

La vida política del país seguía su curso, el Congreso Nacional eligió a finales de abril de ese año al general Medina Angarita para que ejerciera el mandato presidencial durante el periodo 1941-1946, en reemplazo del saliente general López Contreras, quien había logrado encarrilar al país dándole cierta estabilidad a las instituciones republicanas.

El 14 de octubre 1941, en el paraninfo de la Universidad Central de Venezuela, le fue conferido a Luis el título de Doctor en Ingeniería Civil por el rector Antonio José Castillo como integrante de la promoción Doctor Ernesto León. La medalla de graduación que le fue impuesta en el acto académico se la regaló el general Isaías Medina Angarita, presidente de la República.

Promoción de Ingeniero Doctor Ernesto León.
Ya ingeniero, fue designado jefe de la estación de radiotelegrafía militar de San Fernando de Apure, cargo que ocupó desde el 16 de julio de 1941 hasta el 23 de octubre de ese mismo año.

Después de diez años de servicio, se licenció del Ejército Nacional por recomendación del presidente Medina, quien impartió instrucciones para que lo ingresaran al Ministerio de Obras Públicas (MOP) y ejerciera su profesión. De esta manera, culminó lo que podríamos considerar su primer momento militar, iniciado en el año 1931.

General Isaías Medina Angarita.
El 18 de octubre de 1945 fue derrocado Medina por un grupo cívico militar de jóvenes encabezados por Rómulo Betancourt y Gonzalo Barrios, del partido Acción Democrática, y los tenientes coroneles Carlos Delgado Chalbaud y Marcos Pérez Jiménez.

Para toda la vida

A los pocos días de graduado, el 21 de octubre de 1941, Luis conoció a la joven María Mercedes Bustillos Azpúrua, nacida en Río Chico e hija de Fernando Bustillos Montemayor y Emma Luisa Azpúrua Flügels. El padre de la joven había fallecido un año antes y era un comerciante y hacendado cacaotero descendiente de una familia de larga trayectoria en la región de Barlovento. También se había encargado de la administración de algunas propiedades de la sucesión de Wenceslao Bustillos. Ambos padres de María Mercedes eran oriundos de esa población mirandina. Poco tiempo después, Luis y María Mercedes iniciaron un noviazgo, se comprometieron luego y se casaron años más tarde.

Maria Mercedes .              Calle Real de Rio Chico.
Capaya, campamento base

Como ya dijimos, el 1 de noviembre de 1941 Luis ingresó al MOP con el cargo de ingeniero auxiliar, y trabajó durante varios meses en la construcción de la carretera Caucagua-Higuerote, en la región de Barlovento, vía que comenzó a realizarse en 1936 y se finalizó en 1945. Los jefes de esta obra eran los ingenieros César González Gómez, Santiago Hernández Ron y Teolindo Miguel Yánez. También laboraban allí los ingenieros Francisco (Pancho) Massei y Alfredo Massabie, con quienes mantuvo una permanente comunicación durante toda su vida.

Tiempo después, la construcción de la vía fue paralizada debido a la epidemia de paludismo que atacó la plagosa región, la cual fue declarada en emergencia sanitaria. La epidemia fue de tal magnitud que en el campamento de Capaya se escuchaba el constante repicar de las campanas de la lejana iglesia de Caucagua cada vez que llevaban un cuerpo al cementerio para darle cristiana sepultura.

Al presentar síntomas de la fiebre palúdica, Luis fue trasladado a Caracas, pero una vez que mejoró su salud fue enviado a la región andina para que el clima frío lo ayudara a restablecerse. Allí se integró al equipo de ingenieros que realizaban el trazado de la carretera Independencia-Libertad en las cercanías del Páramo Zumbador. Posteriormente fue trasladado al puerto de La Guaira como inspector auxiliar del contrato concertado entre el MOP y la Raymond Concrete Pile Company, que contemplaba el hincado de pilotes para la construcción de un nuevo muelle.

Himeneo en Caracas

Luis y María Mercedes, quien sería su compañera inseparable, se casaron después de tres años de compromiso. La ceremonia se realizó en la iglesia de Santa Ana de Caracas. Para ese entonces ella tenía veinte años y él treinta y uno.

María Mercedes y Luis.
Una vez casados se fueron a vivir a la población de Macuto, donde alquilaron el alto de una casa cercana a la reconocida pensión Guánchez. Al poco tiempo María Mercedes salió en estado, pero a los siete meses de gestación ocurrió un parto prematuro y perdió el embarazo.

El 1 de septiembre de 1945, Luis renunció al MOP debido al desmejoramiento de las condiciones salariales impuestas a los empleados públicos. Al ver disminuidos sus ingresos, el recién casado, ahora con nuevas obligaciones, optó por retirarse a la empresa privada. Por estas circunstancia el matrimonio se trasladó a Caracas y se alojó en una casa ubicada en la calle Los Apamates, en Sabana Grande, que pronto se tornó pequeña con la llegada de nuevos miembros a la familia. Por esta circunstancia alquilaron una vivienda en el callejón García de La Florida.

A finales del año 1945, Damiani fue empleado por la Oficina de Ingeniería Pardo, Proctor, Freeman and Mueser, a cargo del ingeniero venezolano Edgar Pardo Stolk,
Hospital Clínico en Construcción.
para ejercer la inspección de los trabajos de construcción del Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria, pero en julio de 1946 fue llamado nuevamente por el Ministerio de Obras Públicas para que se reintegrara a esa dependencia con el cargo de inspector general de las obras de construcción de la nueva Escuela Militar, ubicada en El Valle, debido a que tuvo que rescindir el contrato con la compañía internacional que ejecutaba la infraestructura por incumplimiento. El ministerio asumió la terminación de la edificación y, por esta causa, el 2 de enero de 1947, Luis fue nombrado ingeniero, director y administrador de la construcción del bello edificio diseñado por el arquitecto venezolano Luis Malaussena.

Escuela Militar.
Reincorporación al Ejército

No obstante, meses después, Luis fue llamado nuevamente a las filas castrenses, con lo que se inició su segundo momento militar. Ingresó con el grado de Capitán (a) y fue nombrado ingeniero adjunto en la Dirección del Servicio de Ingeniería Militar. Adicionalmente fue designado instructor de las materias Ingeniería Militar, Álgebra y Geometría en la Escuela Militar. Ese mismo año fue electo Rómulo Gallegos presidente de la República. Se juramentó el 15 de febrero de 1948, pero a los nueve meses el Ejército dio un golpe de estado y estableció una junta militar encabezada por el teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, con los tenientes coroneles Marcos Pérez Jiménez y Luis Llovera Páez.

Octubrina: Casa de una sola familia

En noviembre de 1950, el matrimonio Damiani Bustillos compró una parcela en la urbanización Las Acacias donde, al poco tiempo, construyeron la quinta Octubrina, ubicada en la avenida Gran Colombia, muy cercana a la avenida Victoria, donde vivió el matrimonio el resto de su vida. Le pusieron ese nombre porque en el mes de octubre ocurrieron hechos muy significativos en la vida de Luis: nacimiento, graduación de ingeniero, matrimonio, etc.

A finales de 1955, se mudaron a la quinta Emma, al lado de la Octubrina, Emma Luisa Azpúrua de Bustillos, la madre de María Mercedes, junto con sus dos hijos Wenceslao y Fernando y la recordada María Priscila; ambas casas se comunicaban por el fondo. En el año 2008 fueron vendidas, y el nuevo propietario las demolió y construyó un edificio.


Una muerte injusta que lo afectó

Sintió Luis Damiani especial afecto por el coronel Carlos Delgado Chalbaud, quien fue asesinado en Caracas el 13 de noviembre de 1950. La madre de Delgado le regaló a Luis una gorra militar que había pertenecido a su hijo, y él la conservó siempre en su escritorio, junto con una foto del desaparecido. Durante el resto de su vida lamentó su absurda muerte; años después, al nacer su sexto hijo, le puso el nombre del insigne militar venezolano.


Un ingeniero exigente

Oficina de la Presidencia del ICU
Luis ocupó diferentes cargos relacionados con su profesión, la mayoría de ellos vinculados con la ejecución de obras complejas que significaban una gran responsabilidad. Fue un trabajador incansable que aceptaba los retos y se entregaba plenamente al logro de los objetivos propuestos. Ejemplo de ello fue el compromiso que asumió con el gobierno nacional para construir y dotar en un lapso de veinticuatro meses el llamado núcleo central de la UCV, el cual constaba de las siguientes edificaciones: Aula Magna, Sala de Conciertos, Rectorado, Paraninfo, Biblioteca Central, galería, comunicaciones y Plaza Cubierta; todo ello con miras a que esas edificaciones pudieran ser utilizadas como sede de la X Conferencia Interamericana de Cancilleres que se efectuó en Caracas en el año 1954. Los términos y plazos se cumplieron gracias al excelente equipo de trabajo que logró conformar.

Entre otros, ocupo los siguientes cargos y responsabilidades (Apéndice B):

- Miembro de la Comisión Interministerial Técnica sobre Datos y Estudios de Vías Carreteras, Ferroviarias y Fluviales fronterizas con la República de Colombia (1948).

- Miembro del Consejo Nacional de Vialidad en representación del Ministerio de la Defensa (1950).

- Director general de las obras del Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria.

- Vicepresidente del Consejo Directivo del Instituto Autónomo de la Ciudad Universitaria (1949).

- Presidente del Instituto Autónomo de la Ciudad Universitaria y de su Consejo Directivo (1950-1958).

- Coordinador de las obras deportivas a construirse fuera de la Ciudad Universitaria: Gimnasio cubierto, piscina olímpica de la Escuela Militar y Velódromo Teo Capriles para la celebración de los III Juegos Deportivos Bolivarianos en Caracas.

Su hija mayor, la Ciudad Universitaria

De los compromisos señalados anteriormente, el que representó para él un verdadero desafío fue la presidencia del Instituto Autónomo de la Ciudad Universitaria (ICU), dependencia decretada por el presidente general Isaías Medina Angarita en el año de 1943. Su gestión al frente del ICU se inició el 28 de febrero de 1950, en tiempos de la Junta Militar de Gobierno conformada por Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Lloverá Páez. Para ese entonces contaba con treinta y ocho años de edad.

Como responsable de la construcción de este conjunto de obras actuó con eficiencia, mostrando gran capacidad gerencial para coordinar a un excelente y extenso equipo de trabajo integrado por técnicos y profesionales de las más diversas especialidades y nacionalidades. Venció innumerables imprevistos que surgieron durante la realización de estas complejas estructuras, orgullo de la arquitectura e ingeniería venezolana (Apéndice C). Durante los siete años que estuvo al frente del Instituto se concluyeron la mayoría de las obras proyectadas por el reconocido arquitecto Carlos Raúl Villanueva; una empresa en la que participaron constructoras nacionales e internacionales de gran prestigio contratadas por el ICU. El resultado fue un formidable conjunto de edificaciones, que fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en el año 2000. 

Encofrado del techo del Aula Magna.
Decía Luis que el Paseo Los Próceres, Los Ilustres y La Nacionalidad fueron concebidos como un corredor que debía unir a la Universidad Central de Venezuela con la Academia Militar, centros de formación de la juventud civil y militar.

Los equipamientos de las más diversas índoles destinados a dotar estas complejas infraestructuras eran suministrados por reconocidas marcas internacionales. Usualmente se adquirían directamente en los Estados Unidos o en Europa a través de la oficina de compras que el Instituto había establecido en la ciudad de Nueva York.

Luis reconoció siempre la capacidad, el conocimiento intelectual, artístico o técnico de los empleados, contratados y asesores a la hora de tomar las mejores decisiones en la ejecución de las obras; un criterio al que le dio prioridad hasta el punto de ofrecer empleo y ayuda a personas opositoras al régimen mientras ocupó el cargo. Entre los notables profesionales que integraron estos equipos de trabajo podemos mencionar a Alfredo Massabie, Joaquín Xiques Silva, Santiago Briceño Ecker, José Antonio Rodríguez Pérez, David Lobo, Rafael Delgado, Jesús Arcia Casaña, Tobías Lasser, Luis Enrique Croce, Esther de Cohen, Leopoldo Bello, Pedro Rafael Silva, Agustín José García, Francisco Martínez, Pérez Peña, Luis Rosales, Luis Espinoza y el capitán Ponce. Recordaba igualmente nombres como los de Pedro Robles, José Barroso, y los de muchos otros eficientes y leales servidores que lo acompañaron en sus diversos quehaceres, y que no mencionamos porque la lista sería interminable.


Ingenieros Santiago Briceño Ecker, Joaquín Xiques Silva y Luis Damiani.
Los episodios que sucedieron mientras fue presidente del Instituto dieron lugar a muchas anécdotas, particularmente referidas al control de calidad de las obras, con el cual era muy exigente, pues había que cumplir con normas internacionales que el ICU asumía como referentes. Así, para corroborar si un piso tenía las pendientes y los desagües en los lugares correctos, disponía de una cisterna de agua con la que inundaba la placa. Si el líquido se empozaba, ordenaba su demolición y reconstrucción. Los frisos de las paredes se inspeccionaban de noche. Se les colocaba encima una gran regla y se trataba de hacer pasar un haz de luz bajo ella para detectar irregularidades. En una oportunidad, mandarria en mano, él mismo destruyó toda una pared cubierta de cerámica que estaba mal colocada; al contratista no le quedó más remedio que removerla y ponerla de nuevo. Posteriormente, el constructor le obsequió a Luis un llavero del que pendía una pequeña mandarria. Esta exigente actitud posibilitó que las infraestructuras de la UCV, a pesar del precario mantenimiento dispensado en años posteriores, conserven aún su esplendor.

Monseñor
Pedro Pablo Tenreiro
Durante su permanencia en el ICU estableció una relación de amistad con el sacerdote Pedro Pablo Tenreiro, a quien autorizó construir una capilla fuera del campus universitario, en las inmediaciones de la Plaza Venezuela. Esa modesta infraestructura desapareció luego con la ampliación de la Autopista del Este. Tiempo después, este insigne venezolano fue designado monseñor y primer obispo de Guanare, función que ocupó desde el año 1954 hasta 1965.

En una entrevista publicada en el libro El Aula Magna y la síntesis de las artes le preguntaron a Víctor Valera su opinión sobre el capitán Luis Rafael Damiani. El escultor se expresó sobre él en los siguientes términos: "…fue un militar honestísimo y, sin darnos cuenta, era tan receptivo y tan contrario a lo que en esa época se hablaba…"

Mayor Luis Damiani
Luis fue ascendido al grado militar de Mayor en julio de 1954.

Caída de Pérez Jiménez

El 23 de enero de 1958 fue derrocado Marcos Pérez Jiménez después de un alzamiento cívico-militar; por tales razones, el 31 de enero de 1958, en acto formal, Luis entregó la presidencia del Instituto de la Ciudad Universitaria y fue enviado a la orden del Servicio de Ingeniería de las Fuerzas Armadas. Meses después fue cesado de sus funciones militares por la Junta de Gobierno que asumió el poder, y que encabezaba el vicealmirante Wolfang Larrazábal. Continuó viviendo en su casa de Las Acacias, muy cerca de una de las puertas de la UCV.

Prestado a la política

Durante el gobierno del presidente Rómulo Betancourt, en los años sesenta, la casa de Luis fue allanada por la policía política, pues no estaba de acuerdo con ese gobierno y éste intentó relacionarlo con conspiraciones en su contra. En esa ocasión tuvo que pasar un tiempo en la clandestinidad.


Entrega del documento de inscripción del partido ante el C.S.E.
En 1963, un grupo de venezolanos seguidores del ex presidente general Marcos Pérez Jiménez fundó el partido Cruzada Cívica Nacionalista (CCN), cuyo primer presidente fue Luis. La premisa fundamental de esta agrupación era la doctrina del ideal nacional, que procura la independencia del país para que los ciudadanos puedan disponer de patria, y que considera el bien nacional como parámetro de la transformación del país.

Dicurso político
Tres años después de fundado este partido hubo una asonada militar en la instalación militar de Ramo Verde, ubicada en Los Teques, y el gobierno de Raúl Leoni acusó a los integrantes del recién formado partido de estar comprometidos en esa acción. Por esa causa, él, dos de sus hijos varones y otros directivos de la organización política pasaron varios días en los calabozos de la policía política (Digepol), pero fueron liberados posteriormente al no encontrarse pruebas que los incriminaran en el hecho.

Tarjeta electoral de la Cruzada Cívica Nacionalista
El partido Cruzada Cívica Nacionalista fue a las elecciones del año 1968 con la tarjeta roja y obtuvo 402.350 votos, hecho que lo transformó en la cuarta fuerza política del país, con cuatro senadores y veintiún diputados en las dos cámaras legislativas del antiguo Congreso Nacional. El candidato más controversial de los favorecidos con los votos fue Pérez Jiménez, quien salió electo senador principal por el Distrito Federal, pero de inmediato fue inhabilitado por la Corte Suprema de Justicia. Por esa razón, el senador suplente, Luis Rafael Damiani, asumió el curul parlamentario.

Su desempeño como senador fue admirable. Desde esa posición convivió con facciones políticas totalmente antagónicas y con las que guardaba marcadas diferencias ideológicas, pero que, sin embargo, lo respetaron por su honorabilidad; discrepaba en el debate político, pero apoyó aquellas iniciativas de interés nacional propuestas por sus adversarios, cumpliendo de esta manera una encomiable labor en la cámara legislativa. Entre las muchas responsabilidades que se le asignaron durante su gestión en el parlamento destacamos las siguientes:

- Miembro de las comisiones permanentes de Política Interior y Política Exterior del Congreso Nacional.

- Miembro integrante del grupo parlamentario que asistió a la 57.a Conferencia de la Unión Parlamentaria Mundial que se celebró en Nueva Delhi, India, en 1969.

Senador Luis Damiani conversa con el
Presidente del Congreso José Antonio Pérez Díaz.
En la siguiente elección presidencial y parlamentaria, en 1973, el partido pretendió lanzar la candidatura de Pérez Jiménez a la Presidencia de la República, pero las organizaciones políticas dominantes para ese entonces lograron enmendar la Constitución Nacional de 1961 impidiéndole optar al cargo. De esta forma se dejaba de lado la posibilidad de la candidatura de Pérez Jiménez. Esta disposición y problemas internos sacaron del escenario político a la Cruzada Cívica Nacionalista, por lo que Luis se retiró de la presidencia dejando la dirección de esa tolda política en manos de otra persona.

Fallecimiento de madre coraje

El día 22 de septiembre de 1984 falleció Juanita en Caracas, a los noventa y seis años de edad. La abnegada mujer que dio todo por sus hijos y se opuso a que su padre registrara a sus descendientes varones como franceses, pues temía que fueran llamados a prestar servicio militar en Francia, como en efecto ocurrió al inicio de la Primera Guerra Mundial con los ciudadanos franceses establecidos en el exterior. Muchos de ellos murieron en la conflagración.
 
Juanita a bordo del barco Bianca C
durante una peregrinación a Roma
Esa misma madre que enfrentó al ministro de Guerra y Marina a las puertas del Cuartel Páez de Maracay, en defensa del hijo que, aquejado de una recidiva de paludismo desde hacía varias semanas, permanecía en estado de mengua a bordo del cañonero José Félix Ribas en la bahía de Turiamo. En esa ocasión, le cerró el paso a López Contreras y lo increpó: "General, yo no he parido a un hijo para que me lo mate el paludismo". López Contreras, sorprendido ante el pedimento de la madre, ordenó que el guardiamarina fuera trasladado a Maracay para ser sometido a tratamiento médico y, una vez recuperada la salud, regresó a su barco.

Los restos de Juanita descansan en el Cementerio General del Sur, en Caracas.

Un italiano defensor de nuestras fronteras

Luis fue un apasionado del tema de las fronteras y lo abordaba con agudo sentido de patria. Fue un fervoroso defensor de las aguas territoriales del Golfo de Venezuela, sobre las cuales la nación ejerce su soberanía. Quizás esto tuvo que ver con el hecho de que profesó desde niño ferviente admiración por un verdadero amigo de su padre: el conde Antonio Gastón Cattaneo Quirín, hombre de espíritu aventurero nacido en Italia en 1880.

Conde Antonio Gastón Cattaneo Quirin
Este militar formado en Europa participó en acciones bélicas en ese continente, y fue contratado por el gobierno de la república para que cooperara en el resguardo de las fronteras del país, cosa que hizo mediante acciones militares que permitieron fortalecer la presencia del Estado en los territorios limítrofes con otros países y defender los intereses nacionales de la que fue su segunda patria. Por estos méritos no reconocidos por la nación, y para resarcir de esta manera su memoria, Luis ayudó a difundir un libro que sobre él escribió el autor guayanés Horacio Cabrera Sifones, entregando ejemplares del mismo a diversas personalidades. Esta obra narra las acciones guerreras realizadas en suelo patrio y en el viejo continente por este interesante, valiente e insigne caballero italiano.

Homenajes y reconocimientos


Durante sus treinta y dos años como servidor público -veintiséis de ellos en las Fuerzas Armadas-, Luis recibió diversas condecoraciones y reconocimientos, entre los que destacan los siguientes:

Imposición de la Orden "Mérito al Trabajo"
- Orden del Libertador, en el grado de Comendador.
- Orden Francisco de Miranda, en Segunda Clase
- Orden Andrés Bello, en Primera Clase.
- Legión al Mérito Aeronáutico, Fuerza Aérea de Venezuela, en Segunda Clase.
- Orden Deportiva Bolivariana en el grado de Gran Oficial.
 Medalla al Ingenio de la Escuela de Ingeniería Militar.
- Barra Militar Eloy Alfaro de la República de Panamá.

Mención especial merecen los reconocimientos efectuados por las autoridades universitarias, como la condecoración Orden Universidad Central de Venezuela, en su única clase, que le fue impuesta en un emotivo acto, y un diploma de reconocimiento donde se exalta su labor al frente del Instituto de la Ciudad Universitaria, que le fue otorgado en otra oportunidad, en el que dice lo siguiente: "por la responsabilidad de estudiar, proyectar, contratar y ejecutar las obras que integran las instalaciones de la UCV" (Apéndice D).

Facultad de Ingeniería en la UCV
Más tarde, las autoridades de la Facultad de Ingeniería le rindieron un emotivo homenaje al colocarle su nombre al edificio de aulas de esa escuela donde se forman los futuros profesionales de la ingeniería, y los egresados de la Escuela de Bibliotecología y Archivología de la Facultad de Humanidades y Educación lo honraron en el del año 1998 dándole el nombre de Luis Rafael Damiani a su promoción.

También la Asociación de Vecinos de Colinas y Terraza de Las Acacias le pusieron su nombre a una plaza ubicada en la avenida Minerva, de la urbanización donde siempre residió, a pocos metros de las puertas de acceso a la UCV.

Al cumplir cincuenta años de inaugurado el Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria de Caracas, las autoridades médicas, en solemne acto, le impusieron la medalla conmemorativa en su Primera Clase en reconocimiento a la labor desarrollada en la construcción de ese centro hospitalario y en la dotación de los equipos médicos necesarios para su funcionamiento.

Al final de sus días, a los ochenta y nueve años, Luis volvió a sentarse en los pupitres de la Universidad Central de Venezuela como alumno de un taller de fotografía dictado en la Facultad de Ciencias.

Composición fotográfica realizada por sus compañeros de curso de fotografía.

Su gran frustración

En acto efectuado el Aula Magna de la Ciudad Universitaria el 22 de octubre de 1988 hizo referencia a la paralización de la construcción, en el año 1958, del edificio de la Zona Rental de la UCV, ubicada en la Plaza Venezuela, decisión que se tomó por intereses del nuevo gobierno y que él siempre lamentó. En esa oportunidad expreso lo siguiente:
Maqueta del Edificio de la Zona Rental.

…un ingrato pensamiento irrumpe en mis recuerdos: la paralización del gigante de la Zona Rental, con sus 58 pisos, el más alto del mundo en concreto armado para ese entonces, hermano menor del Ávila, que se alzaría enhiesto sobre el valle de Caracas; representativo sueño de ingenieros y arquitectos egresados de las universidades venezolanas, demostración de una Venezuela pujante, y cuyas rentas hubiesen servido para lograr la independencia económica de la Universidad, único soporte real de la verdadera autonomía universitaria…

El arquitecto Ernesto Curiel, en una entrevista que le hizo en el año 2000, y que se publicó en el diario Economía Hoy el 12 de mayo de ese mismo año (Apéndice E), nos ofrece una breve historia que refleja no sólo la magnitud de las obras que se construían entonces, sino la actitud y grado de compromiso que privaron en la época:

Otra anécdota de Luis Damiani nos describe la tónica de la administración que hizo posible en esos años edificar obras tan importantes. Según él, Marcos Pérez Jiménez acostumbraba dispensar visitas para conocer in situ los avances de las obras, como ocurrió durante la ejecución de los primeros niveles del edificio de la Zona Rental. En una de sus últimas visitas, antes de abordar la limosina, se apoyó en la portezuela, volteó hacia arriba imaginando la altura que alcanzarían los cincuenta y ocho pisos por construir, y le aconsejó a Damiani avanzar con el debido cuidado. Éste le comentó que efectivamente así se haría, "porque si este edificio se cae, tendré que irme nadando a Curazao". La respuesta tajante de Pérez Jiménez fue: "Usted no se va nadando a ningún sitio. Usted se pega un tiro aquí mismo…" Ciertamente, en aquellos años se construía rápido y bien.

Semblanza de un personaje visto por su familia

De acuerdo con su fecha de nacimiento, 26 de octubre, Luis era del signo zodiacal Escorpión que, según los astrólogos, rige a quienes vienen al mundo entre el 23 de octubre y el 22 de noviembre de cada año. Los nacidos en estas fechas viven intensamente y tienen una energía emocional única, características que sin lugar a dudas estaban presentes en Luis.

Era un hombre de contextura anatómica fuerte, estatura media (1,70 m) y pesaba alrededor de setenta y cinco kilogramos. Su cara era enérgica y cuadrada, tez blanca, piel mediterránea, andar erguido, ojos grisáceos, cabello castaño claro y abundante que a muy temprana edad se convirtió en una frondosa cabellera blanca.

Fue una persona valiente, ejemplar, familiar, con carácter, transparente, con una vasta dimensión humana, reservado, cauteloso al hablar, medía sus palabras, no atropellaba, no ofendía, era incapaz de decir una mala palabra, parecía estar siempre en actitud de alerta y preparado para cualquier contingencia.

Era activo, ordenado. Su pasión por los libros era infinita, no había día que regresara de la calle sin algo qué leer, y su biblioteca estaba dotada de numerosos volúmenes de diversas materias.

Escritorio y biblioteca en su casa
Su escritorio era su puesto de comando. Ya retirado, por lo regular leía o se ocupaba de sus quehaceres cotidianos. Estaba muy atento a lo que acontecía en su entorno familiar, y, aunque no se inmiscuía en los asuntos de los suyos, estaba siempre dispuesto a dar el consejo y el apoyo oportunos cuando alguien lo necesitaba o él lo estimaba conveniente.

Era buen conversador, tenía amplios conocimiento y manejaba temas diversos. Además tenía una memoria prodigiosa que le permitía registrar con precisión y coherencia episodios, fechas y nombres.

Estrella Antares, la mas brillante de la constelación de Escorpio.
Tenía cierta inclinación al estudio de la astronomía que le venía de su permanencia en la Marina de Guerra. Su estrella preferida era Antares, la más brillante de la constelación de Escorpio.

Su color favorito era el verde; su piedra, la esmeralda. No era supersticioso y su número predilecto era el 13.

Sentía especial devoción por la virgen en sus diferentes advocaciones; en particular por las vírgenes de Coromoto, de la Soledad y de las Mercedes, a la cual encomendaba a su familia.

Fiel y muy consecuente con sus amigos, sobre todo con aquellos caídos en desgracia.

Cuidaba su bienestar físico y era necio para comer. Fue sometido a varias operaciones quirúrgicas en diversas oportunidades, de las cuales la más delicada fue la de corazón abierto que se le tuvo que practicar en el año 1996, a los ochenta y tres años de edad, para colocarle tres bypass.

Era muy cuidadoso con sus pertenencias, al punto de que su último vehículo, del año 1968, estuvo siempre en perfecto estado y lo manejó por más de treinta y cinco años.

Ocaso de un roble

Luis Rafael Damiani falleció el 18 de octubre del 2006, en Caracas, a los noventa y tres años de edad, debido a las dolencias cardiacas que lo aquejaron durante los últimos años de su vida. El cortejo fúnebre que trasladó su cuerpo al Cementerio del Este hizo antes una parada en la UCV, donde las autoridades rectorales le rindieron un cálido y sencillo homenaje. Posteriormente sus restos fueron incinerados y depositados en la Iglesia Santa María de Manzanares, en Caracas. Partió hacia la vida eterna con la misma dignidad y gallardía con la que vivió. El ingeniero Ricardo Zuloaga, compañero de promoción, escribió en esa luctuosa fecha: "La figura de Luis y su actuación profesional en la Ciudad Universitaria son un monumento a la integridad y a su capacidad profesional de la cual sus hijos deben estar muy orgullosos".

En el 2007, al cumplirse un año de su muerte, la organización Vigías del Patrimonio de la Ciudad Universitaria sembró un árbol en los jardines, cerca del asta de la bandera de la universidad, en recuerdo a su labor en la construcción de recinto universitario.

María Mercedes Bustillos de Damiani.
María Mercedes no le sobrevivió mucho tiempo; falleció cinco años después, el 6 de agosto de 2011, rodeada del cariño de su familia. Sus cenizas fueros depositadas en el mismo nicho donde reposan las de su amado esposo.

Para finalizar

En una entrevista realizada por Adriana Gibbs y el equipo de la revista Humanitas (Apéndice F), Luis expresaba su optimismo frente a la vida y la manera de encararla a su avanzada edad:

Tengo ochenta y siete años y no me gusta que me llamen anciano; siento aún que mi espíritu está joven. Pienso que lo que me quede de vida debo saborearlo con mi mujer, mis hijos, mis nietos y mis amigos. Tengo ocho hijos y dieciocho nietos. En estas tardes he salido a la avenida (Victoria) y empiezo a contemplarla con su cielo azul. Me quedo así, viéndolo y recordando esos versos que dicen que para mirar el azul marino hay que mirar el azul del cielo.

En síntesis, ese joven que a los dieciocho años abandonó su terruño en busca de un futuro que la provincia no podía ofrecerle, inició su largo periplo capacitándose como radiotelegrafista militar, peritaje que le permitió prestar sus servicios en diferentes guarniciones militares y en buques de la Armada. Luego, gracias a un gran esfuerzo personal y a la ayuda de alguno de sus superiores, logró cursar la carrera de ingeniería civil sin descuidar sus responsabilidades militares. En su doble condición de militar y profesional de la ingeniería, inició un brillante desempeño en la gerencia pública que culminó con su designación como presidente del Instituto de la Ciudad Universitaria, compromiso que asumió durante los críticos años en que se construyó su planta física. Finalmente, al incursionar en el mundo de la política, fue electo senador del Congreso Nacional.

Es digno de admiración y respeto el esfuerzo que significó para este venezolano labrarse por sí mismo tan encomiable carrera. Gracias a ello, pudo dejar una huella imborrable entre quienes le conocieron y quienes aún le rinden el mejor de los tributos al expresarse de él. Sirva entonces este pequeño aporte para que su numerosa descendencia, quizás el mejor legado que forjó junto a María Mercedes, conozca en toda su dimensión a este cercano y valioso ejemplo de venezolanidad que hoy recordamos en el centenario de su nacimiento.

Luis Damiani, contemplando el Orinoco. 2002.



Música: Piano.
Poema: Improvisación en Re
Intérprete:  Ludín Contreras 





ICONOGRAFÍA

Guasdualito 5 de julio de 1933

Luis Damiani, Carlos Delgado Chalbaud y Marcos Perez Jimenez.

Carlos Raul Villanueva y Luis Damiani.

Marcos Perez Jimenez en la UCV y al fondo, una formación de
Cadetes de la Escuela Militar


Carlos Raul Villanueva y Santiago Briceño Ecker

Marcos Perez Jimenez supervisando las obras de la UCV.



APÉNDICES (Hacer clic sobre Apéndice para abrir archivos)

Apéndice A …………………………………… ………………………………………
Heráldica y genealogía del apellido Damiani-Pomonti

Apéndice B …………………………………………………………………………….
Currículum Vitae de Luis Rafael Damiani Deapelo

Apéndice C …………………………………………………………………………….
Discurso pronunciado por el doctor Luis Rafael Damiani en el Paraninfo de la UCV cuando le fue impuesta la condecoración Universidad Central de Venezuela (única clase) el 22 de octubre de 1998.

Apéndice D …………………………………………………………………………….
Conversaciones con Luis Rafael Damiani, el ingeniero de la Ciudad Universitaria, entrevista realizada por Adriana Gibbs y publicada en la Revista Humanitas.

Apéndice E ……………………………………………………………………………..
Entrevista realizada por Abner J. Colmenares a Luis R Damiani, publicada en el libro El Aula Magna y la síntesis de las artes con motivo de cumplir esta obra cincuenta años de su construcción
.
Apéndice F ……………………………………………………………….……………
"Tips para un anecdotario". Artículo publicado por el arquitecto Ernesto C. Curiel Carías en el diario Economía Hoy, el 12 de mayo de 2000, pág. 11.


5 comments:

  1. This comment has been removed by the author.

    ReplyDelete
  2. Lo extraño tanto, pero sé que está con nosotros siempre!!!❤

    ReplyDelete
  3. Buenas tardes,
    Me podría facilitar un correo o teléfono para ponerme en contacto con usted, es para un documental sobre al Ciudad Universitaria de Caracas, mi correo es marianadinar89@gmail.com
    Muchas gracias
    Saludos,

    ReplyDelete
  4. Cordial saludo.
    Para mi seria un placer colaborar con ese proyecto, sobre todo porque mi papa nos creo un sentimiento de pertenencia con esa intitucion.Estoy a la orden.Vivo en el extranjero y estaremos en contacto. Si pudiera darme tu telf podriamos ponernos en contacto o a traves de mi hermana Astrid, quien me informo que estan en contacto.Gracias RDB

    ReplyDelete